LA DESTRUCCIÓN DEL TEMPLO DE JERUSALÉN: CRÓNICA DE UNA PROFECÍA CUMPLIDA

LA DESTRUCCIÓN DEL TEMPLO DE JERUSALÉN: CRÓNICA DE UNA PROFECÍA CUMPLIDA

UN TEMPLO EN SU MÁXIMO ESPLENDOR

El capítulo 1 de El conflicto de los siglos, titulado "El destino del mundo predicho", sitúa la escena en el Monte de los Olivos durante la semana de la Pascua. Desde allí, según la autora, Jesús contemplaba el templo, «cuyos muros de mármol blanco como la nieve estaban entonces iluminados por los últimos rayos del sol poniente» (CS 17.2).

El libro repasa la historia del santuario. El primer templo, construido por Salomón, fue destruido por Nabucodonosor; el segundo fue reconstruido «unos cinco siglos antes del nacimiento de Cristo» por los judíos que regresaron del cautiverio (CS 23.2). En tiempos de Jesús, el edificio había sido ampliado durante décadas: «Durante más de cuarenta años se habían prodigado riquezas, trabajo y arte arquitectónico para enaltecer los esplendores y la grandeza de aquel templo» (CS 24.2). La autora añade que Herodes el Grande y el propio emperador contribuyeron a la obra y que se importaron de Roma «enormes bloques de preciado mármol» (CS 24.2).

LA PREDICCIÓN DE JESÚS

Ante esa grandeza, los discípulos llamaron la atención de su Maestro sobre las construcciones, según recoge Marcos 13:1. La respuesta, citada en el capítulo a partir de Mateo 24:2, fue: «De cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruida» (CS 24.3).

White explica que los discípulos asociaron esa destrucción con la venida de Cristo en gloria y con la liberación del yugo romano, y por ello le preguntaron cuándo sucederían esas cosas (CS 24.4). La autora sostiene que la respuesta de Jesús tenía un doble alcance: «al par que anunciaba la ruina de Jerusalén presagiaba también los horrores del gran día final» (CS 25.1).

La profecía incluía una señal concreta para los creyentes. El capítulo cita Lucas 21:20 y Mateo 24:15-16 y la interpreta así: «Tan pronto como los estandartes del ejército romano idólatra fuesen clavados en el suelo sagrado, que se extendía varios estadios más allá de los muros, los creyentes en Cristo debían huir a un lugar seguro» (CS 25.2).

El anuncio resultaba difícil de creer. Según el libro, durante el reinado de Herodes la ciudad había sido fortificada con torres, muros y fortalezas que «la hacían aparentemente inexpugnable» (CS 25.3).

CUARENTA AÑOS DE PLAZO

La autora indica que el juicio sobre la ciudad se aplazó «hasta cosa de cuarenta años después que Cristo hubo anunciado el castigo de Jerusalén» (CS 27.1). Describe los años previos al asedio como un periodo de violencia interna entre facciones, en el que «ni la santidad del templo podía refrenar su ferocidad» (CS 28.1).

El capítulo recoge también, citando la History of the Jews de Milman, una serie de señales que precedieron al desastre: una luz extraña sobre el templo a medianoche, figuras de carros y soldados en las nubes y la apertura misteriosa de la gran puerta oriental, que «por su enorme peso era difícil de cerrar entre veinte hombres» (CS 28.3). Según la misma fuente, durante siete años un hombre recorrió las calles anunciando calamidades con el lamento: «Voz del oriente, voz del occidente, voz de los cuatro vientos, voz contra Jerusalén y contra el templo» (CS 29.1).

LA HUIDA DE LOS CRISTIANOS

Uno de los datos que más destaca el capítulo es la suerte de los seguidores de Jesús. La autora afirma: «Ni un solo cristiano pereció en la destrucción de Jerusalén» (CS 29.3).

El relato explica cómo sucedió. Las tropas romanas, al mando del general Cestio Galo, rodearon la ciudad, pero se retiraron de forma inesperada cuando los sitiados estaban a punto de rendirse. Los judíos salieron en persecución de los romanos y, mientras ambos ejércitos combatían, los cristianos abandonaron Jerusalén. Según el texto, se dirigieron a «la ciudad de Pella, en tierra de Perea, allende el Jordán» (CS 29.3).

EL ASEDIO DE TITO

El segundo asedio, dirigido por Tito, comenzó en plena Pascua, cuando «millones de judíos se hallaban reunidos dentro de sus muros» (CS 30.2). El libro detalla que las reservas de alimentos habían sido destruidas por las luchas entre facciones y que el hambre se extendió: «Una medida de trigo se vendía por un talento» (CS 30.2). La autora relaciona esos sufrimientos con profecías anteriores, entre ellas Deuteronomio 28:56-57, pronunciada, según el texto, «catorce siglos antes» (CS 30.4).

Según el capítulo, Tito quiso evitar la destrucción del santuario: desde el Monte de los Olivos «dio la orden de que no se tocara una sola de sus piedras» (CS 31.2). Josefo, añade el texto, también rogó a los defensores que se rindieran, sin éxito (CS 31.2).

EL INCENDIO Y EL FINAL

El libro narra que, durante un enfrentamiento nocturno, «un soldado romano arrojó al pórtico por una abertura un leño encendido», y ardieron los aposentos de cedro que rodeaban el edificio (CS 31.3). Tito ordenó apagar el fuego, pero sus palabras «no fueron escuchadas» (CS 31.3).

La descripción del incendio, tomada de Milman, ocupa varios párrafos. En uno de ellos se lee: «Toda la cumbre del monte que dominaba la ciudad despedía fulgores como el cráter de un volcán en plena actividad» (CS 32.2).

El balance final que recoge el capítulo es contundente: «La ciudad y el templo fueron arrasados hasta sus cimientos». El solar del santuario fue arado «como campo», en cumplimiento de Jeremías 26:18, y en el sitio y la matanza posterior «perecieron más de un millón de judíos» (CS 33.2). Los supervivientes, según el texto, fueron vendidos como esclavos, llevados a Roma o dispersados por la tierra (CS 33.2).

UNA LECTURA PARA EL PRESENTE

La autora concluye que «todas las predicciones de Cristo acerca de la destrucción de Jerusalén se cumplieron al pie de la letra» (CS 28.2) y presenta el episodio como anticipo de acontecimientos futuros: «La profecía del Salvador referente al juicio que iba a caer sobre Jerusalén va a tener otro cumplimiento» (CS 34.2). Del mismo modo que los cristianos de Jerusalén recibieron una señal para huir, sostiene, Jesús dio al mundo señales de su segunda venida «para que todos los que quieran puedan huir de la ira que vendrá» (CS 35.2).

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

Fuentes citadas (en orden de aparición):
- (CS 17.2) White, Elena G. El conflicto de los siglos, cap. 1 "El destino del mundo predicho", p. 17.
https://m.egwwritings.org/es/book/1710.76
- (CS 23.2) Ibíd., p. 23. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.101
- (CS 24.2) Ibíd., p. 24. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.106
- (CS 24.3) Ibíd., p. 24. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.107
- (CS 24.4) Ibíd., p. 24. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.108
- (CS 25.1) Ibíd., p. 25. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.111
- (CS 25.2) Ibíd., p. 25. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.112
- (CS 25.3) Ibíd., p. 25. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.113
- (CS 27.1) Ibíd., p. 27. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.120
- (CS 28.1) Ibíd., p. 28. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.124
- (CS 28.3) Ibíd., p. 28 (cita a Milman, History of the Jews, libro 13). https://m.egwwritings.org/es/book/1710.126
- (CS 29.1) Ibíd., p. 29 (cita a Milman, History of the Jews, libro 13). https://m.egwwritings.org/es/book/1710.128
- (CS 29.3) Ibíd., p. 29. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.130
- (CS 30.2) Ibíd., p. 30. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.133
- (CS 30.4) Ibíd., p. 30. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.135
- (CS 31.2) Ibíd., p. 31. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.139
- (CS 31.3) Ibíd., p. 31. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.140
- (CS 32.2) Ibíd., p. 32 (cita a Milman, History of the Jews, libro 16). https://m.egwwritings.org/es/book/1710.144
- (CS 33.2) Ibíd., p. 33. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.148
- (CS 28.2) Ibíd., p. 28. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.125
- (CS 34.2) Ibíd., p. 34. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.153
- (CS 35.2) Ibíd., p. 35. https://m.egwwritings.org/es/book/1710.157

Bibliografía:
- White, Elena G. El conflicto de los siglos. Ellen G. White Writings, https://m.egwwritings.org/es/book/1710.0
(consultado el 6 de octubre de 2026).