LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO: EL PULSO ENTRE EL FARAÓN Y EL DIOS DE ISRAEL

LAS DIEZ PLAGAS DE EGIPTO: EL PULSO ENTRE EL FARAÓN Y EL DIOS DE ISRAEL

UN PUEBLO ESCLAVIZADO Y UNA PETICIÓN AL REY

El relato comienza con Moisés y Aarón ante el monarca egipcio. Según Patriarcas y Profetas, los dos hermanos se presentaron en palacio «como embajadores del Rey de reyes» y transmitieron el mensaje: «Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto» (PP 233.2). La respuesta del faraón, recogida en el mismo capítulo, fue tajante: «¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel» (PP 234.1).

La reacción inmediata del rey fue endurecer las condiciones de trabajo. La autora explica que en Egipto el material de construcción más común eran «los ladrillos secados al sol» y que el faraón ordenó «que no se suministrara más paja», exigiendo a la vez la misma producción (PP 234.6). Los capataces hebreos que no alcanzaron la cuota «fueron azotados cruelmente» (PP 234.7).

El texto añade un dato sobre la situación religiosa del pueblo: durante la esclavitud, los israelitas habían perdido en parte el conocimiento de la ley de Dios y «el sábado había sido despreciado por la generalidad», mientras que los intentos de restaurar su observancia «habían llegado a los oídos de sus opresores» (PP 234.4).

EL PROPÓSITO DE LOS JUICIOS

Antes de las plagas, según el capítulo 23, se estableció un procedimiento: «Antes de enviar cada plaga, Moisés había de describir su naturaleza y sus efectos, para que el rey se salvara de ella si quería» (PP 237.2). La autora señala que el objetivo era mostrar a los egipcios «cuán débil el poder de sus dioses» y que Dios glorificaría su nombre «para que otras naciones oyeran de su poder y temblaran ante sus prodigios» (PP 237.2).

El primer enfrentamiento fue la vara de Aarón convertida en serpiente. Los magos del faraón reprodujeron el prodigio, pero, de acuerdo con el relato bíblico citado, «la vara de Aarón devoró las varas de ellos» (PP 237.3). White sostiene que los magos no crearon serpientes reales, sino que «produjeron esa apariencia mediante la magia» (PP 238.2).

DE LAS AGUAS DEL NILO A LAS ÚLCERAS

La primera plaga afectó al Nilo. El libro explica que, como las crecidas del río eran la fuente del alimento y la riqueza del país, «se adoraba a este río como a un dios» (PP 239.2). Al herir Moisés y Aarón el agua, «la sagrada corriente se convirtió en sangre, los peces murieron, y el río se tornó hediondo»; la plaga «duró siete días» (PP 239.2).

La segunda fueron las ranas, que según el texto los egipcios consideraban un animal sagrado. Invadieron casas, alcobas, hornos y artesas, y llegaron hasta el palacio (PP 239.3). El faraón pidió a Moisés que orara para alejarlas y fijó el día siguiente. La autora interpreta que las ranas murieron pero sus cuerpos quedaron amontonados para que no se atribuyera el final de la plaga a la magia (PP 240.1).

La tercera plaga, los piojos, marcó un punto de inflexión: los magos no pudieron imitarla y reconocieron: «Es el dedo de Dios» (PP 240.2). La cuarta fueron las moscas, que el texto describe como «grandes y venenosas», y que «no se extendió a la tierra de Gosén», donde vivían los israelitas (PP 240.3).

La quinta fue la peste del ganado. Según el capítulo, murieron los animales de los egipcios, desde los sagrados hasta las bestias de carga, mientras que «del ganado de los hijos de Israel no murió ni un animal» (PP 241.2). La sexta plaga, las úlceras, surgió de las cenizas del horno esparcidas por Moisés. White vincula ese gesto con la visión dada a Abraham cuatrocientos años antes, cuando Dios le mostró la opresión de su pueblo «bajo la figura de un horno humeante y una lámpara encendida» (PP 241.3). La enfermedad alcanzó también a sacerdotes y magos, que hasta entonces habían alentado al faraón (PP 241.4).

GRANIZO, LANGOSTAS Y TINIEBLAS

Para la séptima plaga, el texto recoge un aviso previo: quien recogiera su ganado lo salvaría. La autora apunta que la lluvia o el granizo «eran en Egipto una cosa inusitada» (PP 243.2) y que la tormenta llegó según lo anunciado, con «truenos, granizo y fuego mezclados»; únicamente se salvó la región de Gosén (PP 243.3). El faraón llegó a admitir: «He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos» (PP 244.1), aunque, según el relato, cambió de actitud en cuanto cesó la tormenta (PP 244.2).

Antes de la octava plaga, los consejeros del rey le presionaron: «¿Acaso no sabes todavía que Egipto está ya destruido?» (PP 244.6). El faraón quiso permitir la salida solo de los hombres, y el libro explica que su intención era retener a mujeres y niños «como garantía del regreso de los hombres» (PP 245.4). Llegaron entonces las langostas, que «devoraron toda cosa verde que quedaba» (PP 245.5).

La novena plaga fue una oscuridad «tan densa y negra que parecía que se podía palpar» (PP 246.1). El capítulo recuerda que el sol y la luna eran objetos de adoración para los egipcios y cita el texto bíblico: «Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; pero todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones» (PP 246.1).

LA DÉCIMA PLAGA Y EL ORIGEN DE LA PASCUA

El capítulo 24 de Patriarcas y Profetas aborda la última plaga, la muerte de los primogénitos. La autora observa que «el primer juicio acerca del cual se advirtió a Egipto sería el último en llegar» (PP 247.2), en referencia al anuncio de Éxodo 4:22-23 (PP 247.1).

Antes de esa noche, Israel recibió instrucciones precisas: cada familia debía sacrificar un cordero «sin defecto» y poner su sangre en los postes y el dintel de la casa, para que el ángel destructor no entrara (PP 248.2). La carne se comería asada, con hierbas amargas y pan sin levadura, con la ropa de viaje puesta (PP 248.2). El libro precisa que muchos egipcios pidieron refugio en los hogares de Israel y «fueron recibidos con júbilo» (PP 251.3).

El desenlace se resume con las palabras del Éxodo citadas en el capítulo: a medianoche hubo «un gran clamor en Egipto, porque no había casa donde no hubiera un muerto» (PP 252.1). Fue entonces cuando el faraón llamó a Moisés y a Aarón y les ordenó salir con el pueblo y sus rebaños (PP 252.1).

Para conmemorar la liberación se instituyó una fiesta anual. White explica que la Pascua sería «tanto conmemorativa como simbólica»: recordaría la salida de Egipto y señalaría a Cristo, representado en el cordero, el «Cordero de Dios» (PP 249.2). Según el texto, incluso el detalle de no quebrar ningún hueso del animal anticipaba lo ocurrido con Jesús (PP 249.4).

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

Fuentes citadas (en orden de aparición):
- (PP 233.2) White, Elena G. Historia de los Patriarcas y Profetas, cap. 23 "Las plagas de Egipto", p. 233.
https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1147
- (PP 234.1) Ibíd., p. 234. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1149
- (PP 234.6) Ibíd., p. 234. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1154
- (PP 234.7) Ibíd., p. 234. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1155
- (PP 234.4) Ibíd., p. 234. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1152
- (PP 237.2) Ibíd., p. 237. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1168
- (PP 237.3) Ibíd., p. 237. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1169
- (PP 238.2) Ibíd., p. 238. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1173
- (PP 239.2) Ibíd., p. 239. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1178
- (PP 239.3) Ibíd., p. 239. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1179
- (PP 240.1) Ibíd., p. 240. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1182
- (PP 240.2) Ibíd., p. 240. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1183
- (PP 240.3) Ibíd., p. 240. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1184
- (PP 241.2) Ibíd., p. 241. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1189
- (PP 241.3) Ibíd., p. 241. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1190
- (PP 241.4) Ibíd., p. 241. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1191
- (PP 243.2) Ibíd., p. 243. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1202
- (PP 243.3) Ibíd., p. 243. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1203
- (PP 244.1) Ibíd., p. 244. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1206
- (PP 244.2) Ibíd., p. 244. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1207
- (PP 244.6) Ibíd., p. 244. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1211
- (PP 245.4) Ibíd., p. 245. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1217
- (PP 245.5) Ibíd., p. 245. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1218
- (PP 246.1) Ibíd., p. 246. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1223
- (PP 247.2) White, Elena G. Historia de los Patriarcas y Profetas, cap. 24 "La Pascua", p. 247.
https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1229
- (PP 247.1) Ibíd., p. 247. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1228
- (PP 248.2) Ibíd., p. 248. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1232
- (PP 251.3) Ibíd., p. 251. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1251
- (PP 252.1) Ibíd., p. 252. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1255
- (PP 249.2) Ibíd., p. 249. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1238
- (PP 249.4) Ibíd., p. 249. https://m.egwwritings.org/es/book/1704.1240

Bibliografía:
- White, Elena G. Historia de los Patriarcas y Profetas. Ellen G. White Writings,
https://m.egwwritings.org/es/book/1704.0 (consultado el 6 de octubre de 2026).